´Lúa´, nacida en Asturias, de 6 años, ha sido reconocida con una medalla como la más trabajadora por sus detecciones de drogaAL Núa , una perra pastor belga-mainois, sólo tiene seis años y un olfato innato para la detección de sustancias estupefacientes escondidas en los rincones más insospechados. Su meritoria trayectoria profesional al servicio de la Unidad de Guías Caninos de la Jefatura Superior de Policía de Asturias ha sido reconocida con la distinción al mejor perro de trabajo de las Fuerzas Armadas y Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado del año 2009 tras superar, en currículum y en las pruebas a las que se sometió ante un tribunal, a una decena de perros de las Unidades Cinológicas del Ejército, Infantería de Marina, Casa Real y Guardia Civil. Una medalla y su inscripción en un monolito en la Escuela Cinológica del Ejército de Tierra, con las que pasará a la historia, acreditan su valía.
Esta perra, nacida en Brañes, de 23 kilos, cariñosa, dócil y obediente, destacó desde muy pequeña. Con apenas dos meses de vida, David Rodríguez García, un funcionario adscrito a la Unidad de Guías Caninos de la Jefatura Superior de Policía de Asturias, la adquirió a un criador tras constatar que era "muy inteligente y parecía que prometía. Tenía ganas de agradar", explica su cuidador.
Su intuición no le falló. Seis meses después, Lúa descubría, para asombro de todos, un alijo de 250 kilos de polen de hachís escondidos en el motor de refrigeración de un tráiler, después de varios intentos fallidos de localizar la droga por otros métodos. Era su debut policial y el inicio de una carrera plagada de éxitos.
"Las 25 toneladas de naranja que transportaba como mercancía el tráiler se habían vaciado y no había aparecido la droga. Lúa insistía raspando con sus patas indicándonos el lugar donde olía la droga y aparecieron los 250 kilos", relata, con orgullo, David Rodríguez.
Su última intervención derivó en la detención del dueño de un bar, después de que Lua indicara que había droga escondida en varios botes, "a pesar de que estaban recubiertos de aluminio para despistar el olor", comenta.
Lúa no es funcionaria, aunque trabaja desde que tenía ocho meses en la Unidad de Guías Caninos, ya que es propiedad particular de David Rodríguez. "En el Cuerpo Nacional de Policía nos facilitan hacer vida civil con el perro", ratifica.
SU PREPARADOR entrena a diario con ella. Le pone retos "porque es como las personas superdotadas que si no están haciendo cosas se aburren. Ella misma lo pide", advierte. Tiene un vínculo lúdico con su guía a través del juego. Cuando localiza droga, David Rodríguez le deja jugar con la pelota. "El trabajo es casi de mantenimiento. La llevo a hacer deporte cada 15 días en canoa y a nadar. A diario hacemos ejercicios de obediencia y prácticas de drogas en distintos escenarios para exponerla a diferentes experiencias".
Aunque no le ha dado ningún homenaje por su premio nacional, su propietario le compensa llevándola los fines de semana al monte y a nadar. "Disfruta mucho", cuenta el guía.
Su alimentación se basa exclusivamente en el pienso. Su especialidad es la detección de hachís, marihuana, cocaína y heroína. Ha conducido a la Policía al decomiso de alijos de 14 a 30 kilos, pero también ha contribuido al control del tráfico y consumo de droga al menudeo en acontecimientos con grandes aglomeraciones de gente, como el descenso del Sella.
Desde 2008 hasta ahora, su olfato ha facilitado el levantamiento de 360 actas de aprehensión de sustancias estupefacientes. Entre sus actuaciones más brillantes figuran la localización de 21 kilos de hachís escondidos en bolsas de basura en un monte y varias planchas de hachís ocultas en un reproductor en una empresa de mensajería.
Lúa tiene un hermano que ha sido campeón de España del Reglamento Cinológico Internacional (RCI) y varios de sus ocho hermanos de camada obtuvieron segundos premios. Lúa es madre de un cachorro llamado Turco, de 18 meses, que es su viva imagen y también está siendo adiestrado por David Rodríguez para la detección de explosivos. "Turco también promete pero es más nervioso. Lúa es muy inteligente y Turco es feliz", compara.
EN LA UNIDAD de Guías Caninos trabajan siete funcionarios que tienen a su cargo a dos perros cada uno para cubrir las dos áreas: detección de drogas y explosivos. La vida laboral de los perros se sitúa entre los 9 y 10 años. Como Lúa tiene seis, aún está a pleno rendimiento.
Ajena a todo protagonismo, Lúa jugaba ayer con su entrenador y se sometía a varias pruebas. El guía colocó una muestra de hachís en un camión, mientras ella permanecía dentro de una furgoneta. Al abrirle la puerta, ella salió zumbando hacia el camión. Sus patas empezaron a rascar en el lugar exacto de forma reiterada hasta que David Rodríguez recogió la muestra. Ella, satisfecha, movió el rabo. A continuación, demostró sus dotes en un ejercicio de obediencia. Zigzagueó entre las piernas del guía, se tiró al suelo simulando estar muerta cuando él le hizo el gesto de pegarle un tiro y se subió a sus brazos o a su espalda a la indicación precisa tras una escueta palabra pronunciada en alemán.
Lúa espera, expectante, el mimo, tras superar la prueba. Es tan mimosa que algunas veces ha ido a pedirle caricias a los detenidos, tras una aprehensión, porque es muy buena para oler droga, pero aún no ha aprendido a distinguir a los buenos de los malos .
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